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Crimen y genes

El Telégrafo.

CÉSAR PAZ Y MIÑO

 

Hace unos días, un juez italiano en Trieste, rebajó la condena a un asesino porque se le detectaron cinco genes que le predisponían a comportamientos violentos. El condenado fue sometido a exámenes psiquiátricos y neurofuncionales y a la evaluación de variantes de genes que en estudios anteriores habían sido asociadas a tendencias agresivas (serotonina, dopamina, adrenalina). El gen más decidor fue el llamado MAOA (enzima monoamino oxidasa) que mostró que sus variantes predisponen a la criminalidad en un ambiente de estrés. Este veredicto revive la discusión sobre el determinismo biológico y genético, contrapuesto al planteamiento de que las acciones humanas son guiadas por la convivencia social, las normas y leyes que los humanos han construido como seres pensantes y con voluntad. Actualiza la vieja polémica de si la conducta (C) es producto exclusivamente de los genes (G), solo del ambiente (A) o es una sumatoria de genes más ambiente (C=G+A). El primer caso en que se recurrió como defensa a un determinante genético, justamente a la MAOA, fue en 1994, en Estados Unidos y, hasta la fecha, unos 200 casos han sido defendidos con este argumento.

¿Existe o no una predisposición genética al crimen? Lo que sabemos hasta hoy es que los genes determinan la estructura física general y la del cerebro en particular. Una vez conformado adecuadamente el individuo, debe interaccionar con el ambiente. Es en esta interacción donde se manifestará un comportamiento determinado. Muchos estudios han tratado, sin éxito, de encontrar un determinismo genético. Las investigaciones relacionadas con la delincuencia, son antiguas. Parten con las teorías lambrosianas en 1876, que postulaban la existencia de los “físicos del delincuente”. Alrededor de 1960, estudios cromosómicos mostraron que individuos delincuentes tenían dos cromosomas Y. Se ha tratado de demostrar una relación directa entre genes y depresión, genes y tendencias sexuales, genes e infidelidad, etc., pero no son concluyentes; siempre el ambiente parece ejercer su acción sea desencadenando o inhibiendo un comportamiento. La tendencia más difundida sostiene que el comportamiento se produce por determinantes genéticas sumadas a determinantes ambientales y, sobre todo, a la voluntad individual: es la persona quien decide cometer o no un delito. Una de las críticas al determinismo biológico se sustenta en un razonamiento simple: si el 90% de crímenes es perpetrado por hombres, ¿se puede defender que la sola presencia de un cromosoma Y sea atenuante del delito?



Desde la perspectiva de genetista, es muy difícil sustentar las penas judiciales en estudios genéticos que hasta hoy son insuficientes. En el Ecuador aún no tenemos un laboratorio de criminalística armado y tampoco se ofrecen pruebas genéticas delincuenciales como las descritas. Los desafíos que enfrentamos en el ámbito legal nos exigen modernizar el sistema de justicia ecuatoriano incluso validando las pruebas genéticas existentes y las nuevas que, efectivamente, muestren mejores correlaciones gen-delincuencia.

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