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‘Para los científicos, Yasuní es el arca de Noé’.

Olga Imbaquingo
Corresponsal el Comercio en Nueva York


Desde el punto de vista científico, ¿qué importancia tiene el      Yasuní?

En una escala local que cubre unos 100 kilómetros cuadrados, Yasuní es el lugar con mayor diversidad en el mundo. Los análisis  realizados  anteriormente   eran a escalas más grandes,  que cubrían unos 10 000 kilómetros. A  ese nivel,  se podía decir que los Andes -incluidas sus montañas, ríos y valles- contenían una alta biodiversidad. Lo que quiero decir con esto   es que en cualquier sitio del   Yasuní se encuentran más especies de anfibios, reptiles, insectos y plantas que en otra parte del planeta. Basados en lo que tenemos, Yasuní  entonces  es el   banco de biodiversidad más grande de las Américas y tal vez a nivel planetario también.

 


¿Por qué hay que defender al Yasuní aun enfrentándose a grandes intereses?

Hay que decir que es   el refugio de especies amenazadas y únicas que existen   en el mundo. Existen   varios modelos que proyectan los efectos del cambio climático, para Yasuní no hay uno en particular. Pero cuando se hace una síntesis de ellos, observamos que en los próximos 50 años Yasuní, el sur de la selva de Colombia y  Loreto  (en el   norte de Perú)  mantendrán la humedad. Si no la destruyen los humanos, pese al cambio climático seguirá allí la vida en estado puro. Ese es el gran valor  que en este momento tiene el   Yasuní, no sufrirá los embates del cambio climático que sí afectará al resto de la Amazonia, por ejemplo.

¿Por qué Yasuní es un sitio tan privilegiado a tal punto que para  especialistas en biodiversidad se constituye en algo así  como  el arca de Noé?

Lo más maravilloso es que tiene las características para sobrevivir. Tiene los tres elementos más importantes para ser el banco de biodiversidad más valioso del mundo: es húmedo, cálido y no está fragmentado. Si así lo mantenemos, en lo posterior   se constituirá  en   nuestra arca de Noé.

En concreto, ¿qué tiene esta arca de Noé?

Hay  resultados impresionantes como la existencia de 150 tipos de anfibios. Esto es un récord mundial, pues no hay otro lugar con el tamaño de esta reserva que tenga tanto.  Únicamente     en la estación Tiputini, que constituye   6,2 km²,  existen por lo menos   139 especies de anfibios.

Las aves son   otro universo lleno de  sorpresas en esta  reserva natural de Ecuador...

 

 



En efecto, existen 596 especies, pero Yasuní sí tiene contendor.  Se trata del parque Manu, que está ubicado en Perú. Este lugar es reconocido como un     santuario para los ornitólogos del mundo. Las dos reservas juntas no tienen competencia en el mundo, no hay  otro sitio similar a estas dos riquezas.  Pero
Yasuní supera en mamíferos a escala local, tiene 200 especies y lo más destacable es que solamente   en Tiputini está la biodiversidad más grande de murciélagos de todo el    planeta.

Estos hallazgos tienen valor científico pero no económico. ¿Cuál es la respuesta científica  que se ha dado hasta el momento   a esta realidad?

No estoy de acuerdo con lo  que dicen,  que mucha gente va a sufrir solamente   por salvar a unos pajaritos y arbolitos. Los científicos no estamos hablando de pajaritos o monitos, estamos hablando del conjunto de vida más valiosa del mundo. Es uno de los contadísimos lugares  en estado puro  que le queda a la humanidad.

¿Por qué Yasuní tiene ese privilegio de ser el santuario natural de occidente?

Por ahora  no podemos  demostrar el porqué. Sin embargo, nos inclinamos a pensar que Yasuní está en una zona geográfica con dos ejes. El primero  de ellos está  a lo largo de la línea ecuatorial y otro es el eje de conexión entre los Andes y la Amazonia. Los dos convergen allí. El  uno es cálido y el otro es húmedo y esa alta biodiversidad quizá se debe a que es eternamente húmedo y cálido. En ese lugar       casi no  existe, por ejemplo,     temporada fría ni seca.

¿Por esos hallazgos recomiendan suspender cualquier actividad petrolera que se pueda dar a futuro?

Es importante conservar la extensión de Yasuní intacta. Su núcleo todavía es grande si se compara con otras reservas, donde no se ven chorungos ni maquisapas. Yasuní no ha perdido ninguna especie. En la década de los  80 se mermó con la construcción de una carretera, en la década de los   90 se volvió a perder con la vía Maxus. Queda el núcleo. Y  si  la estatal  Petroecuador intenta poner siete plataformas, una planta de procesamiento de crudo y abrir vías de transporte para trasladar el hidrocarburo, es el adiós del Parque Nacional   Yasuní. Ya se ha han jugado dos partidas y las hemos perdido. Entonces,    con la tercera todo habrá terminado.



En efecto, existen 596 especies, pero Yasuní sí tiene contendor.  Se trata del parque Manu, que está ubicado en Perú. Este lugar es reconocido como un     santuario para los ornitólogos del mundo. Las dos reservas juntas no tienen competencia en el mundo, no hay  otro sitio similar a estas dos riquezas.  Pero
Yasuní supera en mamíferos a escala local, tiene 200 especies y lo más destacable es que solamente   en Tiputini está la biodiversidad más grande de murciélagos de todo el    planeta.

Estos hallazgos tienen valor científico pero no económico. ¿Cuál es la respuesta científica  que se ha dado hasta el momento   a esta realidad?

No estoy de acuerdo con lo  que dicen,  que mucha gente va a sufrir solamente   por salvar a unos pajaritos y arbolitos. Los científicos no estamos hablando de pajaritos o monitos, estamos hablando del conjunto de vida más valiosa del mundo. Es uno de los contadísimos lugares  en estado puro  que le queda a la humanidad.

¿Por qué Yasuní tiene ese privilegio de ser el santuario natural de occidente?

Por ahora  no podemos  demostrar el porqué. Sin embargo, nos inclinamos a pensar que Yasuní está en una zona geográfica con dos ejes. El primero  de ellos está  a lo largo de la línea ecuatorial y otro es el eje de conexión entre los Andes y la Amazonia. Los dos convergen allí. El  uno es cálido y el otro es húmedo y esa alta biodiversidad quizá se debe a que es eternamente húmedo y cálido. En ese lugar       casi no  existe, por ejemplo,     temporada fría ni seca.

¿Por esos hallazgos recomiendan suspender cualquier actividad petrolera que se pueda dar a futuro?

Es importante conservar la extensión de Yasuní intacta. Su núcleo todavía es grande si se compara con otras reservas, donde no se ven chorungos ni maquisapas. Yasuní no ha perdido ninguna especie. En la década de los  80 se mermó con la construcción de una carretera, en la década de los   90 se volvió a perder con la vía Maxus. Queda el núcleo. Y  si  la estatal  Petroecuador intenta poner siete plataformas, una planta de procesamiento de crudo y abrir vías de transporte para trasladar el hidrocarburo, es el adiós del Parque Nacional   Yasuní. Ya se ha han jugado dos partidas y las hemos perdido. Entonces,    con la tercera todo habrá terminado.

Qué  beneficio traería conservar el Parque  Yasuní en un país  que tiene una  mentalidad cortoplacista?

Yasuní tiene el gran potencial de ser el arca de Noé, que tienen   los ecuatorianos, que tienen  los científicos y  que tiene  el  mundo entero.  El Parque Nacional Yasuní  tiene un nombre hecho y ese es un logro  que ha conseguido  Ecuador. Ahora,   lo que queda es   que se    busquen las   alternativas para convertir en rentable   al parque rentable en estado puro.

¿Qué importancia tiene el  Yasuní en el debate y en la solución al cambio climático?

El éxito de la Iniciativa Yasuni-ITT  (Ishpingo-Tambococha- Tiputini)  será el de otros lugares del mundo que dependen de Yasuní para sobrevivir. Si Ecuador no logra ganar con esa iniciativa, la reserva Medidi de Bolivia,

Loreto en Perú o bosques en Tailandia que tienen petróleo,  como un dominó sucumbirán a la sed que tiene el mundo de petróleo.

 

 

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