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Estamos a la vanguardia mundial (y sin duda, interplanetaria) en control de contenidos sexistas en medios de comunicación.

Estoy seguro que debemos ser los únicos y mejores jumentos en control de paparruchadas que a nadie le importan.

Claro que, a los que sí les importan, es a un grupúsculo de burócratas intrascendentes y a los hábiles proveedores de informes y estudios para el sector público que, lamentablemente, siempre son pagados con el dinero de todos (y que no son baratos).

emperador

A Santiago Páez, escritor.

Por Mateo Martínez Abarca. Tomado de su blog. 

Después de leer una nota tendenciosa de Diario El Telégrafo sobre el informe de las estrategias de represión y control social del Estado ecuatoriano en el caso Yasunidos, hace unos días se me ocurrió aludir en Twitter a un jocoso episodio que ocurrió unos años atrás entre el Licenciado Orlando Pérez (director del diario) y el escritor Santiago Páez. Por aquel tiempo, Pérez -más conocido como el Ternuras en las redes sociales- trabajaba como editor de la sección cultural del extinto Diario Hoy (cuando no era una asquerosa prensa corrupta) y cayó en sus manos la novela de Páez Condena Madre, Un caso de Stalin Falcón. Según entiendo, Pérez se vio a sí mismo reflejado en alguno de los personajes: acaso un ex revolucionario maoísta devenido en predicador, me corregirán los involucrados. Se lanzó por tanto a la tarea de escribir una reseña en su estilo tradicional, nada sesgado por supuesto, al cual nos tiene hasta el día de hoy felizmente acostumbrados.

Fernando Villavicencio

Por John Otis, corresponsal del CPJ para la región andina

Para el periodista y activista político ecuatoriano Fernando Villavicencio, estar huyendo ha significado vadear ríos en la selva para evadir puntos de control de la policía, alimentarse de carne de cocodrilo y de mono, y escribir su último libro escondido en varias casas de seguridad.

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