El Niño Preguntón

Por Fernando Vega

El niño vio sorprendido que su papa, el ministro, se sentaba a la mesa para desayunar; hace tiempo que sus obligaciones no le permitían departir con su familia. El niño sintió que era una oportunidad para preguntar por muchas cosas que se venían acumulando en la cabeza.

Papá, ¿Por qué si estamos haciendo bien las cosas, hacemos tanta propaganda en la tele y en todo lado? La pregunta fue respondida de manera casi mecánica por su papá-ministro: “Mijito, porque la prensa corrupta trata de desinformar a la gente sobre los logros de nuestra revolución”. Pero el niño volvió a preguntar: “pero papi, yo le oigo decir todos los días al Presidente que ya nadie les cree, entonces ¿Para qué insistir hay mismo y hay mismo?

El papá-ministro que no estaba preparado para la insistencia de su hijo carraspeó y sentenció en tono definitorio que no admitía réplica: “Porque hay unos pocos resentidos y amargados que odian al Presidente, porque se les han quitado sus privilegios y hay que estar atentos porque son golpistas”. El niño guardo silencio unos segundos y asombró a su papá con una nueva pregunta: Pero Papi, si ayer no más las encuestas decían que el Presidente tiene más del 80% del apoyo popular, por que qué tener miedo?

¡No les tenemos miedo! Respondió el papá-ministro, mientras tras las cortinas de la ventana de la sala se dibujaba la silueta de dos guardias fuertemente armados. Y añadió: “Lo que pasa es que la derecha, la partidocracia, los Gutiérrez y los indios, están debilitados pero todavía tienen mucho poder y tratan de desestabilizar al gobierno de la RC. No te olvides del 30-S que secuestraron y quisieron matar al Presidente”.

El niño pensó para sus adentros que su papi no le había contestado las preguntas y su ágil mente procesó lo siguiente: Si el 80% está convencido que el Presidente hace bien las cosas y el otro 20% son cabezas duras que creen que no, entonces, a quién va dirigida tanta propaganda. Pero desistió de insistir, no quería forzar más a su papa-ministro que ya bastantes cosas tenía que responder a la prensa y no siempre salía airoso.

¡Papi!, interrumpió el niño, ¿Ya se sabe quien ordenó disparar contra el Hospital, porque muchos de los acusados han sido declarados inocentes, como el Coronel Carrión? El papi-ministro visiblemente disgustado exclamó: ¡Cómo es posible que la desinformación haya llegado a mi propia casa! Los tribunales declararon culpable al Universo y al periodista que pusieron en duda la palabra del Presidente!

El niño percibió que su padre se sentía acorralado por sus inocentes preguntas y decidió continuar preguntando: “Papi, ¿Ya se sabe quién es el “Chuqui Senven”. El papá ministro se atragantó en un sorbo de café con leche que salpicó la mesa y alcanzó el rostro del niño. ¡Perdón!, dijo, limpiándose la boca y la mesa con una servilleta. El niño, aprovechó el momento para hacer una nueva pregunta: ¿Papi, ¿Y se sabe quien conocía de los contratos del Fabricio con el Estado?

El papi-ministro guardó silencio, pensó que debía retomar el control de la conversación porque su hijo le estaba llevando a terrenos peligrosos. En tono amistoso y conciliador, se levantó, acercó, la silla a la de su hijo, le puso las manos sobre los hombros cariñosamente y le dijo: “Mijito, hay que estar ciegos para no ver los cambios en el PAIS, quien puede negar que hoy estamos mucho mejor que antes, incluso nosotros…”, y paseó la mirada por la sala comedor. “¡Todo se lo debemos a Rafael Correa!”

El argumento era demoledor, “hechos y no palabras”. El niño guardó silencio y repasó todas las mejoras en la vida familiar –el viaje a Orlando, el plasma de su habitación, su tablet última generación, la beca de sus hermanos, los tíos y primos que trabajaban en los ministerios, la abuela en la función judicial… etc, etc.-

Papi-ministro retomó su lugar en la cabecera de la mesa y se relajó en la silla, saboreando con el pan untado de mermelada y mantequilla su victoria sobre el espíritu inquisidor de su hijo, y para fortalecer sus relación le hizo una confidencia: “Te cuento, mijo, que desde hace un par de años no duermo bien y tengo algunas pesadillas y discusiones con tu mamá, tienes que disculparme que a veces se me vayan los nervios”.

El niño le comentó: “Mamá dice que la mejor medicina para dormir es tener la conciencia tranquila”. Pero el niño tenía todavía muchas preguntas en su cabeza sobre tantas cosas que seguía sin entender y decidió escoger todavía tres para hacérselas a su papí-ministro. “Papi, ¿puedo hacerte solo tres preguntas más, no te molestas?”

A papi-ministro le quedó retumbando en el subconsciente eso de la consciencia, pero se hizo el desentendido, y para obviar el tema asintió con la cabeza y mirando el reloj, le dijo a ver la primera, que tengo que salir en seguida. El niño que ya era un experto cibernauta y había investigado bastante sobre el Yasuni, preguntó Papí: “¿cuál mismo es el plan A sobre el Yasuni, porque el Presidente parece estar empeñado en explotarlo?”

Papá-ministro respondió que no era esa competencia de su ministerio, pero prometió a su hijo informarse a cabalidad sobre el asunto y que en un próximo desayuno, en el que coincidieran le tendría la respuesta. “¿A ver la segunda, inquirió papa-ministro volviendo a mirar su reloj y el niño disparó: “Papi, ¿ya se sabe quien puso la cocaína en la valija diplomática? Papi ministro corto secamente: “Esa tampoco es mi competencia. Que lo averigüe la policía italiana”.

Papi-ministro hizo la señal de III con los dedos mientras contestaba una llamada en uno de sus celulares de última tecnología. El niño esperó que colgara y le preguntó a boca jarro: “Papi ¿Usted que tiene que ver con la policía no cree que hemos sido un poco injustos con lo de la marcha indígena, parece que a nosotros se nos dan todas las facilidades y a ellos se les ponen todos los obstáculos?”.

Papa-ministro se puso colorado, con una mano sobre sus cadera y con el índice de la otra apuntó a su hijo y en tono solemne y de autoridad le dijo: “Jovencito lo que pasa es que Ud. es todavía un ecologista infantil y no entiende nada, ya verá que cuando se haga mayor, comprenderá mejor las cosas y me dará la razón”. Y señalando de nuevo el teléfono que volvía a sonar, tomó su portafolio y salió de prisa para tomar el carro oficial hacia su oficina.

El niño subió a su cuarto y retomó la lectura de la “Historia de Sofía” y estuvo muy de acuerdo con la reflexión del libro, de que era inútil hacer ciertas preguntas a los mayores que habían perdido la capacidad de asombro y búsqueda de las verdades importantes para el ser humano y se hallaban enredados en una maraña de preocupaciones intrascendentes y medias mentiras y medias verdades. Y se sumió en la lectura, temiendo que un día, cuando fuera mayor, se cumplieran las palabras de su papá-ministro que le vaticinaban que él también llegaría, con el tiempo, a ser un sonso.{jcomments on}