Por: Alfonso Gumucio

Pocho Álvarez y yo nos habíamos conocido en Cuba, en 1985, en el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, que era en ese tiempo el más importante de nuestra región. Cuando nos vimos hace algunas semanas en Quito con motivo del cumpleaños de Alejandra Adoum, Pocho se acordaba perfectamente de nuestro anterior encuentro, yo no.