Las amazónicas defienden en Quito su casa: el Yasuní

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El Hoy

A pesar del encierro y la intranquilidad que sienten las mujeres  por no tener noticias de sus familias continuarán con su lucha en contra de la explotación petrolera en el Yasuní ITT y el resto de la Amazonía.Un ambiente de angustia e incertidumbre se vive en la sede de la Conaie en Quito. La espera es larga para las 100 mujeres, 26 hombres y niños de las nacionalidades zápara, quichua y shiwiar que llegaron a la capital el miércoles 16, tras cuatro días de caminata. 

Ellas decidieron llamarse Mujeres por la Vida y se fijaron un objetivo: ser recibidas por el Pleno de la Asamblea Nacional. 
El factor económico impidió que más mujeres se sumen a la marcha (un vuelo desde sus comunidades hasta la frontera cuesta entre $800 y $1 000). 
Aunque llegaron hace cinco días, su pedido de audiencia con el oficialismo no tiene respuesta. En la Asamblea les dijeron que un encuentro es extemporáneo porque la Declaratoria de Interés Nacional para que se explote el Yasuní ITT ya fue aprobada. Por eso, solo las puede recibir una delegación, no el Pleno.
El presidente Correa, en cambio, les propuso reunirse en Pañacocha (Sucumbíos). Ellas respondieron q    ue les queda más lejos que venir a Quito porque algunas viven en la zona fronteriza con Perú.
Mientras esperan una respuesta favorable, sus recursos se agotan. Para mantenerse echan mano de sus pocos ahorros y de la ayuda que reciben de quienes comparten con ellas su rechaza a la explotación del Yasuní ITT. Ellos les donan frutas, mantas, ropa y hasta papel higiénico.
 Ellas han previsto que una delegación retorne a Puyo para traer alimentos y dinero para regresar a sus destinos en bus, ya que los recursos que les quedan alcanzan hasta el martes. 
Las Mujeres por la Vida y sus familias se albergan en los tres pisos de la sede de la Conaie en Quito. Se han organizado en seis comisiones: salud, alimentación, logística, política, económica y comunicación. 
Para las de mayor edad, el día comienza a las 03:00. A esa hora empiezan a contar sus sueños esperando que alguno dé señales de un encuentro con el presidente Rafael Correa. 
Su desayuno es humilde: pan con chocolate y, cuando pueden, un huevo. Cinco mujeres preparan el almuerzo que, por lo general, es sopa de fideo o de verduras. 
No les ha faltado la guayusa, bebida que los pueblos amazónicos consumen para renovar energías, meditar y tomar decisiones. 
La comisión de salud atiende dolores de cabeza, gripe en los más pequeños, mientras que la de política se encarga de las visitas. Incluso asisten a charlas en universidades para que la gente sepa por qué están en desacuerdo con el decreto 1 247, que autoriza la explotación de Yasuní ITT. También piden que se suspenda la XI Ronda Petrolera. 
Los hombres se ocupan de la seguridad. En la madrugada hacen relevo cada dos horas, para evitar que personas ajenas invadan su espacio. 
De las 100 mujeres, solo 10 conocían la capital. Ninguna cambiaría su selva por lo que ven. Todas admiten y dicen que la protegerán de la explotación petrolera incluso con su vida. 
Rosa Gualinga, de la nacionalidad shiwiar, es delgada. Cincuentona. Rostro pintado. Cuenta que en su comunidad hay 250 personas. Solo cinco vinieron a Quito. Todos extrañan las frutas y el pescado, pero hacen este esfuerzo para que alguna autoridad escuche sus pedidos. 
En Quito, en estos días lluviosos, oscurece temprano. A las 18:00 empiezan a improvisar sus camas: esteras que en el día enrollan y las guardan en uno de los extremos de los cuartos. 
A las 23:00, el silencio es total. Hay desvelos por la sensación de encierro entre cuatro muros, porque extrañan la selva, porque no saben lo que ocurre con sus familias: varias son jefas de hogar y dejaron a sus hijos en sus comunidades. 
Por eso, Miriam Cisneros, dirigente de la comunidad Sarayacu, regresó el viernes por la noche para llevar a las comunidades un mensaje de tranquilidad. 
Para ella, estar en Quito es una oportunidad para intercambiar enseñanzas. (Red.HOY) {jcomments on}