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‘Todos nos escuchan excepto el Gobierno’

La Hora

En la sede de la Confederación de la Naciones Indígenas del Ecuador (Conaie), las lanzas siguen en alto. Son ya 11 días a la espera de que la Asamblea Nacional reciba a las más de 200 mujeres que llegaron de varias comunidades de Pastaza. Exigen su “derecho a ser escuchadas” para mostrar su rechazo a la ronda petrolera y a la extracción de petróleo en el Yasuní.En los pasillos de la Conaie algunas mujeres descansan en el suelo. Muchas sufren un proceso gripal debido al drástico cambio de clima y, posiblemente, también al cansancio acumulado tras seis días caminando desde Puyo.

“Muchas de estas mujeres llegaron descalzas, sin cobijas, dejaron a sus hijos y sus trabajos para luchar por nuestra tierra. Ahora que estamos aquí, no nos vamos a rendir. Somos mujeres muy fuertes. La respuesta de la ciudadanía está siendo maravillosa, nos han traído de manera espontánea comida, ropa y cobija. Parece que todo el mundo nos escucha menos el Gobierno”, declaró Katy Betancourt, del Comité de Organización de la Conaie.

A las 15:45 de ayer, alrededor de 100 personas, la mayoría mujeres, partieron rumbo a la sede de las Naciones Unidas (ONU) en Quito, en la avenida Amazonas. Sus rostros estaban pintados con ‘wituk’, la flor de una planta que utilizan para decorar su cuerpo en ocasiones especiales. Algunos hombres portaban lanzas hechas de Pambil. “A las mujeres amazónicas no nos quieren recibir en la Asamblea, pero luego van los futbolistas, les abren las puertas de par en par”, exclamó Zoila Castillo, dirigente Territorial de la Cuenca de Bogonanza.

La marcha
A medida que avanzaban se lanzaban consignas en defensa de la naturaleza: “La selva no se vende”, decían unos, “Defendamos nuestra tierra”, respondían otros. Los ciudadanos se quedaban quietos contemplando asombrados sus atuendos, y algunos de ellos las animaban.

En la marcha había mujeres de varias etnias. Había Kichua, de las Cuencas de Curarai, de Pakayaku y Sarayaku. También había Shuar, Shibiar o Sápara, todas unidas por la defensa de lo que ellas consideran “su tierra”. Mientras se acercaban al edificio de la ONU, donde les iba a recibir Guillermo Fernández Maldonado, asesor de Derechos Humanos del Alto Cargo de las Naciones Unidas, los ánimos se iban encendiendo.

Cuando atravesaban el Parque de La Carolina, a la altura del Jardín Botánico, una enorme bandera del Ecuador se quedó enganchada a una malla metálica. Toda la marcha paró. Parecía que no podían liberarla. Tras tirar de ella, la bandera cedió, no sin antes romperse. Las mujeres rieron y continuaron.

Los rostros estaban cansados, pero con la mirada en alto. “No podemos permitir esta situación. Si deciden sacar petróleo con todas las consecuencias que existen en una zona intangible y megadiversa, qué van a hacer con nosotras, con nuestras familias, con nuestros hijos”, enfatizó Mayra Santi, miembro de la comunidad Sarayaku.

Al llegar, varios medios de comunicación esperaban a la comitiva. La ‘Marcha de Mujeres Amazónicas’ rugió de repente apoderándose de parte de la avenida Amazonas. Con el puño en alto se pararon frente a la sede de la ONU, un edificio casi tan alto como su determinación.{jcomments on}

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