La punta de la lanza

Sarayacu libreEl Expreso

Sarayaku es un pueblo que ha liderado movilizaciones y luchas - Sarayaku es una mota amarilla en mitad de un bosque verde. Desde el aire, en avionetas antiguas y sensibles al viento, bamboleantes al antojo de las nubes, se divisa un círculo arcilloso rodeado de selva.

Es la comuna principal, un establecimiento donde se radican más de mil familias, en una de las siete comunidades que se extienden a lo largo de 135 mil hectáreas, que forman parte del territorio de los quichuas, la nacionalidad indígena mayoritaria en Ecuador.

Se trata de un pueblo guerrero. Sarayaku, uno de sus poblados, se fundó hace casi dos siglos y sus seis generaciones dicen conservar la sangre de lucha.

La historia no escrita, la de los ancianos del pueblo, los acompaña. Sarayaku se siente agobiado. Desde la época en la que acompañaban al Ejército a la guerra contra Perú, siguiendo por el lío que los colocó en el mapa y que terminó con la expulsión violenta de la petrolera Texaco, incluyendo a las actuales pugnas por territorio que los quichuas sostienen con la nacionalidad colindante: los Ashuaris. Y hoy, cuando el pueblo se siente acosado por el Gobierno, tras haber acogido en la selva a tres fugitivos: Cléver Jiménez, Fernando Villavicencio y Carlos Figueroa.

Es un pueblo que ha liderado todas las movilizaciones y luchas. Las petroleras, las marchas nacionales del 92, el respeto a un Estado plurinacional. Son la punta de una lanza que trata, constantemente, de arrastrar a las demás nacionalidades hacia la voz de la protesta.

Es una alerta máxima. Así le llaman a la postura que adopta Sarayaku ante una posible incursión de las Fuerzas Armadas en su territorio. Las palabras se evidencian en las escopetas desvencijadas de perdigones que cada hogar cuelga en su puerta, a las lanzas de uno y dos metros que descansan a un lado de las camas y las que camuflan en los árboles, fuera de la comunidad. La alerta se comprende en los entrenamientos que reciben los niños y jóvenes, cándidos y fifiriches, para dominar el arco e insertar la flecha en una botella plástica vacía a veinte metros de distancia. Pero donde más predomina la alerta es en las conversaciones. Desde hace un mes que nadie habla de otra cosa.

Incluso en los momentos de esparcimiento, los espacios que encuentran tras la jornada de trabajo en la tierra, que suele prolongarse hasta las 15:00, se mantiene la tensión. Aprovecha para jugar fútbol, el deporte local, seguido con tal nivel de fanatismo que la población acaba de inscribir al primer equipo profesional Amazónico, en segunda división.

En Sarayaku hay líderes, pero no trabajan de forma vertical. Aquí también son como la punta de una lanza. José Gualinga es el presidente del pueblo. Pero las decisiones importantes no son suyas, ni del consejo de autoridades, sino de una asamblea popular donde hasta los niños tienen voz y voto.

En el centro del pueblo, donde se encuentra la cancha de fútbol, se iza la Bandera de la Luz, el símbolo indígena que, por sus dimensiones, puede ser visto desde el aire. Alrededor de la bandera se mueve el mundo, el pequeño. El mundo que no tiene más luz que la que proporcionan los paneles solares y que sirven para alimentar un diminuto centro de Internet, pensado para la educación, pero que, en estos días, se ha convertido en un centro de operación y logística política. Tampoco hay más agua que la de las quebradas ni más transporte que unas costosas avionetas (capaces de trasladarlos al Puyo, capital de la provincia, en media hora) o lentas embarcaciones fluviales (que demoran entre seis y ocho horas el trayecto).

Poco más tarde de las 19:00 el pueblo queda desierto, aunque no en silencio. Nunca hay silencio en la selva. Y lo saben los jóvenes que recorren la selva de noche, con la atención en el oído, el frío en los huesos y en la mano la lanza. Los demás están en casa, sin luz, arropados en Sarayaku con un envidiable manto de estrellas.

Anderson Boscán Pico. - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. - Sarayakus se entrenan en el manejo del arco - Todos tienen voz y voto en las asambleas{jcomments on}