Epstein: la seducción del sexo y el poder en tiempos de decadencia

Epstein: la seducción del sexo y el poder en tiempos de decadencia

Napoleón Saltos Galarza. Quito, 18 de febrero de 2026

Con los ojos bien cerrados (Eyes Wide Shut)

La película de Stanley Kubrik, Con los ojos bien cerrados (Eyes Wide Shut), estrenada en 1999, devela el mundo secreto de los rituales y las orgías sexuales de las élites iniciadas. Junta dos mundos, la vida privada de los dos protagonistas y el mundo secreto del poder. La puerta está allí, la palabra de paso “Fortune” abre la ruta. La máscara apenas puede ocultar por un momento la identidad. El puente es la imaginación del goce femenino, la salvación viene del sacrificio femenino. Todos saben que el secreto está allí, pero caminan “con los ojos bien cerrados”. Al final, todavía hay tiempo para la palabra compartida y el reencuentro.

Todos sabían el secreto de Epstein, las élites compartían los rituales, los acuerdos, los negocios, las recomendaciones. Las víctimas hablaron, pero el sistema cerraba los ojos, encubría las investigaciones. ¿Por qué ahora estallan los documentos de Epstein?

Sincronicidad

La pregunta no es tanto ¿qué?, sino ¿por qué ahora?, ¿cómo? Y empecemos por ¿quién? Los archivos Epstein están en manos del FBI, que es el encargado de liberarlos. Ha realizado la segunda entrega de tres millones de archivos, con nombres mostrados y nombres ocultados. El objetivo es crear un caos que confunda y polarice, con lo cual trivializa los datos. El espectáculo termina por debilitar la posibilidad de respuesta de la humanidad.

¿Por qué estalla la burbuja política del caso Epstein ahora? El caso Epstein empezó en 2005, cuando una madre denunció en Palm Beach, Florida, que la hija había sido abusada sexualmente por Jeffrey Epstein. Aunque su historia comienza en los años 80 del siglo pasado, cuando crea su primera empresa, J. Epstein & Co, que gestionaba activos de clientes con patrimonios superiores a los mil millones de dólares; y empezó a adquirir su red de mansiones en Florida, Nuevo México y Nueva York, escenario de las relaciones con grandes empresarios, políticos, celebridades, artistas.  La investigación llevó a la detención de Epstein en julio de 2006, fue condenado a 18 meses de prisión, de los que cumplió 13 meses. En 2019 fue detenido nuevamente y en agosto apareció muerto en la prisión. Una historia de 40 años de opulencia y corrupción. ¿Por qué ahora se convierte en un hecho explosivo?

Hay que ver el contexto, la sincronicidad. En la economía, la debacle paralela del dólar y del bitcoin, y los contrapesos chinos a la guerra arancelaria de Trump y al dominio financiero de Occidente.

El factor desencadenante está dentro de Estados Unidos. En la escena política interna, dos hechos centrales: la caída de la aceptación de Donald Trump y los signos de guerra civil interna, sobre todo a raíz de los acontecimientos de Minneapolis; el riesgo está en las elecciones de medio periodo, el 3 noviembre de 2026, ya que Trump y el Partido Republicano pueden perder la mayoría en alguna de las Cámaras, o en las dos. Es el terreno de una lucha interfaccional.

En la escena geopolítica, el reparto de zonas de influencia entre los tres nodos de poder mundial, con la estrategia Monroe 2.0 en el centro de la política de Trump; el ensayo es la intervención en Venezuela, para asegurar el control del hemisferio, ampliado a Groenlandia y el Ártico. Un momento de definición de la guerra en Ucrania, con un acuerdo Putin-Trump, y la marginación de la Unión Europea; lo que precipita la disolución de la OTAN. El fin del Tratado nuclear New Start, de control de armas nucleares, eliminación del límite del número y final de la inspección, y aceleración de la carrera armamentista. La disrupción del conflicto en Oriente Medio, tanto por la resistencia del Pueblo Palestino, como la capacidad disuasiva de Irán.

Las investigaciones muestran los nexos de Epstein con la inteligencia británica e israelita.[1] El timing del caso Epstein mostraría, en lo inmediato, la oportunidad de la presión y el chantaje de Netanyahu sobre Trump, con el protagonismo del MOSSAD,  para enfrentar el conflicto Iraní, bajo las condiciones de Israel, orientadas al desarme y la disolución de Irán. Y los esfuerzos de la OTAN, con el protagonismo de Gran Bretaña y el MI6, para continuar la guerra en Ucrania.

Hay un tiempo más profundo. El núcleo duro de una civilización es su concepción del bien y el mal. El caso Epstein, en el tiempo largo y profundo, es el signo del momento de demolición en la transición civilizatoria. Como dice Estulin, “el campo de batalla es la mente humana”, el intento de un reseteo cultural en torno a las preguntas fundamentales ¿qué es el bien?, ¿qué es el mal?

El juego es ocultar la estructura, la convergencia de los poderes en la creación de una red que combina poder económico, afinidad política, decadencia e impunidad moral, red de prostitución infantil y violencia patriarcal contra los niños y las mujeres, ritualidad necrológica, “desintegración ontológica”. El exceso de datos busca saturar la respuesta de la sociedad, sentir que hay un caos amenazante, inmanejable. El poder orienta la atención contra los nombres para generar oposiciones y neutralizar la respuesta de la humanidad.

La paradoja es que después de tantos datos, debates, noticias, los únicos detenidos son Jeffrey Epstein y su pareja-cómplice, Ghislane Maxwell, y han caído algunas figuras, como el Príncipe Andrés en Inglaterra; pero la impunidad se impone. Han caído por las acusaciones de prostitución, pero no por la participación en redes corruptas de negocios y de poder político.

Epstein es el espejo en donde podemos mirar la transición negativa, la destrucción del viejo orden mediante el caos moral y ético, sin que aparezca todavía la visión alternativa, un proceso de transición civilizatoria.

La transición

En la modernidad “la represión ha sido, por cierto, el modo fundamental de relación entre poder, saber y sexualidad, no es posible liberarse sino a un precio considerable: haría falta nada menos que una trasgresión de las leyes, una anulación de las prohibiciones, una irrupción de la palabra, una restitución del placer a lo real y toda una nueva economía en los mecanismos del poder; pues el menor fragmento de verdad está su jeto a condición política.” (Foucault, 2007, pág. 11)

Se abre un largo camino para enfrentar la represión y abrir el camino del retorno del eros y la resurrección del cuerpo. Freud abre una puerta, aunque la retiene en torno al diván. El hipismo en los 60-70 del siglo pasado levantan la consigan de paz y amor. Mayo 68 en París, abre la ruta del arte de amar. La lucha de las mujeres abre la alcoba a la sociedad, recupera el derecho al goce. La “muerte de Dios” y de la culpa da paso a la fiesta del cuerpo.

Pero el sistema reabsorbe las libertades y los derechos conquistados e instaura una cultura hedonista, el discurso organiza la versión woke de los derechos y libertades de la sexualidad. Y entonces emerge la reacción conservadora, para restablecer el orden de la familia.

La paradoja está en la presencia de una doble cultura: el discurso puritano hacia abajo, y el vuelco hedonista para las élites. Un giro sobre la relación entre el bien y el mal, el obstáculo está en los límites de la virtud, el poder construye una nueva voluntad, un nuevo pacto en torno a la libertad del mal. Un proceso de iniciación y complicidad para participar en los circuitos exclusivos del poder.

Como base de la explotación sexual de las mujeres, se combinan diversas formas de violencia: desde la violencia física y la violencia sexual, el chantaje y el atemorizamiento, hasta la violencia simbólica de las seducciones y los señuelos del éxito individual y la participación en el boato de la vida de los poderosos. Por eso Jeffrey Epstein y Ghislane Maxwell elegían sobre todo a niñas y jóvenes de sectores económicos y sociales vulnerables.

El orden de la historia de Epstein empieza por la construcción de un poder empresarial obscuro, vinculado, desde el inicio, con procesos especulativos e ilegales. Sobre esta base, avanza en la construcción de redes de violencia sexual contra niñas y mujeres, de comercio de órganos, en un territorio bajo control propio. Puede vincular los contactos económicos con la oferta de servicios sexuales para las perversiones pulsionales de los poderosos. Y se teje una red de participación, impunidad y chantaje de negocios económicos y de poder político. Los organismos de inteligencia, sobre todo el MI6 y el MOSSAD, ven en esto un instrumento de control político. La cadena se completa: poder económico, mercado de explotación sexual y prostitución infantil, control político.

Con ello se abre la puerta a la transición cultural-ético-moral: para el poder no sólo todo está permitido, el efecto de la “muerte de Dios”, sino que hay una inversión del orden moral, el bien y la virtud son el obstáculo para el progreso, la iniciación en la celebración del mal, del goce pervertido, es la puerta del nuevo orden.

Las obras del Marqués de Sade eran una crítica y una denuncia de la decadencia de las élites. En “Las 120 jornadas de Sodoma”, escrito en 1785, en vísperas de la Revolución Francesa, se describe, en “la fiesta del 25 de Diciembre”, un ritual en que se sacrifica a una joven virgen y beben su sangre, como parte de los rituales de iniciación. Quizás en esta perspectiva, aunque no hay suficiente contrastación sobre los testimonios de algunas víctimas, no se puede descartar la realización de una ritualidad satánica en el caso Epstein, como un mecanismo para “re-ligar” a los iniciados.

La iniciación del poder.

El caso Epstein es un síntoma sistémico de la perversión y el nuevo pacto de las élites del capitalismo mundial. Romper los límites morales, para poder rebasar todos los límites en la economía y el poder. Borrar las fronteras entre las normas y las prácticas.

No sólo se trata de rebasar las normas legales, tanto internas como internacionales, como proclama abiertamente Trump, sino que llega a las normas morales, no sólo la licuación de las fronteras, sino la inversión de la relación entre el bien y el mal. Un mecanismo perverso es la utilización de las “obras buenas”, la filantropía, para encubrir, limpiar y compensar la imagen del mal.

Anna Harendt demostró que la raíz del nazismo fue la “banalidad del mal”, la aceptación gradual de los pequeños males, su normalización, como base para la perversión de la voluntad, la participación en un proceso colectivo. Ahora ese mecanismo supuestamente excepcional, correspondiente sólo al extremo del nazi-fascismo, se convierte en la normal. No se trata de la depravación de un individuo, sino de una red compartida de actores, cómplices y encubridores de las élites occidentales.

El caso Epstein es el desenlace de un largo proceso de reseteo cultural, acentuado en el período neoliberal, que coloca en el centro el hedonismo, la ética utilitaria individualista, el consumismo. El dominio patriarcal sobre el cuerpo de las mujeres, sobre todo de las niñas, fue la puerta para este paso.

Hay un paralelismo entre los relatos del Marqués de Sade en “Las 120 jornadas de Sodoma” y el caso Epstein. El relato del Marqués de Sade se ubica en las postrimerías del reinado de Luis XIV, a inicios del Siglo XVIII, la transición del esplendor a la decadencia del Absolutismo; sin embargo es escrito en vísperas de la emergencia de los acontecimientos de la Revolución Francesa, el paso a la modernidad capitalista consolidada. El caso Epstein se ubica en la transición de la decadencia de la modernidad capitalista occidental a un orden geopolítico multi-trilateral, todavía el momento de demolición del viejo orden político y moral, con débiles señales del mundo que llega.

El castillo de Sodoma y la Isla de Epstein, Little Saint James, ubicada en los paraísos fiscales de las Islas Vírgenes, adquirida en 1998, son los escenarios principales. Aunque hay una modificación clave en el caso Epstein: la ruta desde el campo de concentración a la Isla de la explotación sexual de mujeres y la construcción de las redes de poder. No se trata de actos accidentales, sino planeados: los cuatro libertinos del relato del Marqués de Sade, “unidos por la similitud de sus riquezas y sus gustos, habían imaginado estrechar sus lazos mediante alianzas en las que el desenfreno tenía más parte que cualquier otro de los motivos que generalmente forman estos vínculos.” (De Sade, 1785, pág. 3)

Y sobre todo hay una modificación en el alcance: Epstein trabaja con vínculos económicos y políticos que se van ampliando; “detrás de esa fachada operaba un sistema cuidadosamente diseñado para captar, manipular y explotar a más de mil mujeres y niñas durante dos décadas.”[2] La dimensión del caso Epstein pasa de una red privada de explotación sexual a una red clandestina de poder económico y político que abarca a Occidente.

El patrimonio económico de Epstein en 2019, al momento de su muerte, se estimaba en 578 millones de dólares. La red de empresas y negocios estaban vinculados al asesoramiento financiero y fiscal a clientes multimillonarios; y fue construida en base a exenciones fiscales, negocios opacos y manejos especulativos de derivados financieros. Entre los principales clientes estaban Les Wexner y Leon Black, que aportaron el 75% de los ingresos de Epstein entre 199 y 2018, alrededor de 490 millones en honorarios.

Contaba con una red de empresas: J. Epstein & Company, fundada en 1988, se especializaba en administrar activos de clientes con un patrimonio mayor a 1 mil millones de dólares. Intercontinental Assests Group Inc, fundada en 1981, asesoraba para recuperar dinero robado o perdido. Financial Trust Company y Southern Trust Company, empreas de asesoría financiera. Además tenía una red de masiones: en Mahattan, Nueva York, valuada en 50 millones de dólares, en Palm Beach, Florida, 12 millones de dólares, Rancho de 3075 hectáreas, en Nuevo México, 17 millones de dólares, dos Islas privadas en El Caribe.[3]

De la sociedad victoriana a la sexualidad “libre”. De la sexualidad “libre” a un orden postmoral. Dios ha muerto, todo está permitido. La Ley no es violada, es suspendida, y la excepción se vuelve lo normal en todos los campos, no solo en lo moral, sino también en la economía y el poder. Un retorno contradictorio de un orden simbólico y ritual para afirmar que el poder no tiene límites morales. Maquiavelo reloaded.

La superficie del espectáculo muestra la explotación sexual y las violaciones de niños y niñas, los sacrificios rituales y la comercialización de órganos, la pornografía y el negocio de los cuerpos. Pero la clave está en el objetivo, la construcción de redes de poder económico y político, bajo el chantaje de la revelación de los secretos guardados.

Hay antecedentes en Estados Unidos sobre el recurso del sexo y el chantaje para el control del poder. Ely Cohen, la guerra a través de la mentira, es el modelo de Epstein. Epstein hereda el método del chantaje de Roy Cohn. Las fiestas sexuales de Samuel Brossman, son utilizadas como mecanismo de vigilancia y chantaje.

Una raíz de la verdad está en la génesis. El surgimiento de Epstein tiene dos momentos claves. El despegue como “empresario”: cuando funda, en 1988, su primera empresa, J. Epstein & Company,  tiene el apoyo de Leslie Herbert Wexner, cofundador del Mega Group, un grupo de empresarios proisraelíes y de Leon Black. En el inicio de la red de explotación sexual de jovencitas, Ghislaine Maxwell es la ficha clave. Robert Maxwell, el padre, fundador y presidente de un imperio de la comunicación en Gran Bretaña, fue uno de los agentes más poderosos del Mossad en Europa.

No se trata sólo de los vínculos de sexo y poder, como en los tiempos de los Borgia, o las denuncias de Sade en las 120 jornadas de Sodoma, ahora hay un plus geopolítico, y una dimensión civilizatoria, la glorificación del mal. La red Epstein es posible por su relación con las élites de poder económico y político de Occidente, la confabulación y el silencio de los poderosos, bajo el manejo de los organismos de inteligencia de Inglaterra, Israel y Estados Unidos. Un funcionamiento mafioso del poder: participación, complicidad, impunidad, bajo un ambiente de un mercado “místico”, religioso, un rito de iniciación jerárquica. Entrar en la red Epstein era la oportunidad no sólo para goces sexuales, sino para los vínculos económicos, la recomendación de los poderes políticos, la participación en la jet set internacional.

“… esclavizar sexualmente también formaba parte del proceso de acumulación de su fortuna.” los beneficios de la trata no residían en un lucro material extraído de los cuerpos de las niñas y adolescentes sino de los rituales de pactos de poder y de silencio en los que se sellaba o se consolidaba una fratría que integraban políticos, empresarios, académicos y hasta miembros de la realeza.[4]

La lista Epstein es un catálogo del poder occidental, allí desfilan gobernantes, reyes, magnates, publicistas, militares, artistas, escritores. Los papeles destapados muestran la coparticipación de las élites globalistas y soberanistas de Estados Unidos y Europa. Una red de hombres-machos poderosos. No es un problema exclusivo de Trump, participan demócratas y republicanos, sobre todo de la élite anglosajona e israelí. Entre los principales vínculos políticos, a más de Trump, está el expresidente Bill Clinton, el ex Primer Ministro israelí, Ehud Barak, el Embajador Británico en Estados Unidos, Peter Mendelson, el Príncipe Andrés, El ex Primer Ministro de Inglaterra, Tony Blair.

El enganche es el tráfico de niñas, pero el objetivo es la red de poder y negocios bajo control y chantaje del poder profundo, sobre todo de Estados Unidos, Inglaterra e Israel. Una cultura en donde se une la depravación moral, sexual, la corrupción económica, la explotación y la crueldad contra las mujeres, sobre todo las niñas, la impunidad de los sistemas de justicia, la desinformación de los medios oficiales vinculados, el racismo, con el objetivo de controlar el poder económico y político. Epstein apenas es una pieza de una maquinaria de decadencia civilizatoria.

La muerte de eros

Freud planteó la contradicción entre la pulsión de vida, eros, y la pulsión de muerte, thánatos. La modernidad se constituyó en la diferenciación de los dos momentos, progresivamente las fronteras se vuelven porosas, hasta la muerte de eros, para imponer el dominio de la pulsión de muerte en los diversos campos, la necropolítica, y ahora la necroética.

En el mundo hedonista no hay espacio para el otro. El narcisismo proclama el yo absoluto, el mundo se convierte en una proyección de sí mismo. En la modernidad capitalista en ascenso, el Rey-Sol podía decir “El Estado soy yo”, la afirmación del absolutismo monárquico occidental, una autoridad absoluta, de origen divino, encarnada en la persona del Rey. En la modernidad capitalista en decadencia, un nuevo poder monárquico se encarna en las élites, liberadas de todo orden económico, jurídico, político y moral, una “racionalidad cínica” que tiene suficiente información para discernir entre el bien y el mal, para negar los límites de la virtud y proclamar el éxito del mal.

El otro es el mal, el migrante, el negro, el indio, el gay, la mujer. Con ello se anula la posibilidad del amor, en sus diversas formas, desde el amor familiar hasta el amor erótico, que se fundan en la presencia del otro. 

El nuevo poder se justificaba en un principio trascendente; la cleptocracia se funda en un orden a la inversa. Regresamos al orden del sacrificio, no hay límite. El delito compartido no es una desviación, es un rito de iniciación. La red de Epstein no es excepcional, sino redes litúrgicas de excepción. Al eliminar la identidad personal como límite de la libertad, del orden liberal, entramos en un nuevo mundo, incapaz de nombrar el mal. No se trata de emancipar a los pueblos, sino de librar la decisión de las élites. El caso Epstein no tiene centro, es reticular, se extiende a todos los poderes.

La escatología

En términos teológicos ya no es sólo la muerte de Dios, sino la inversión del orden moral, en donde el obstáculo es el bien, la virtud. La violencia del sistema es escatológica, no se trata de fundar una nueva sociedad, sino de administrar el final. Un fundamento metafísico, en donde al no haber fundamento, todo está permitido para el que tiene poder.

El tiempo del Apocalipsis, el fin del mundo que habitamos: una sociedad histórica desaparece cuando ha agotado todas sus posibilidades y ha llegado al extremo de su funcionamiento. Epstein es la confesión del extremo de la decadencia moral de la modernidad occidental. Y también la posibilidad de otro mundo: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.” (Apocalipsis 21,1)

Al final queda una pregunta, ¿hay alternativas ante el caos y la inversión de la moral, y la decadencia económica y política de la modernidad occidental? ¿Todavía es posible pensar en la fuerza del amor y el cuidado para abrir nuevas rutas éticas y morales? ¿Todavía es posible el retorno de Eros y de Lilith? El paso empieza por abrir los ojos.

Trabajos citados

De Sade, M. (1785). Las 120 jornadas de Sodoma. Obtenido de http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/24b0c8992_jornada.pdf

Foucault, M. (2007). Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber (Trigésimoprimera edición en español ed.). México: Siglo XXI.


[1]Epstein recibió entrenamiento como espía del Mossad: informe. https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/08/mundo/epstein-recibio-entrenamiento-como-espia-del-mossad-informe?fbclid=IwQ0xDSwP_3wlleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZAo2NjI4NTY4Mzc5AAEe_cy99Rh4xSNMyfqLW5ZlB2Y_Ag6IF1mWDC_OQV3pDBLw4nogZtAhUnp1gO8_aem_Une_aaELr14Q18s5m8yntQ

[2] La red de Jeffrey Epstein con poderosos, ricos y famosos que revelan los nuevos archivos

https://www.bbc.com/mundo/articles/c3r1rnx3xgqo

[3] https://www.forbesargentina.com/millonarios/los-dos-millonarios-financiaron-con-o-saberlo-imperio-oscuro-jeffrey-epstein-n85783

[4] https://geoviolenciasexual.com/el-caso-epstein-o-la-prostitucion-como-crimen-del-poder/

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