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Entre el Yasuní y el extractivismo del siglo 21

Por Fernando Villavicencio Valencia

En Pandora (Yasuní[1]), una luna del planeta Polythemis, ubicada entre el río Napo (Doroboro[2]) y el Curaray, habitan desde tiempos inmemoriales los indígenas Na´vi (Tagaeri y Taromenane[3]) seres del bosque, que se resisten al contacto con los extraños (cohuori[4]) y defienden el gran árbol de la vida (biodiversidad), frente a la neo conquista impulsada por extractivistas del siglo 21, liderados por el coronel Quaritch y las transnacionales chinas (Selfridge), decididos a explotar el unobtainium (petróleo del ITT[5]). En su objetivo, no dudarán en utilizar las más modernas y bárbaras tecnologías y recursos de guerra, especialmente el engaño.

 Selfridge, es el promotor de la transnacional que ha preparado desde hace tiempos los estudios técnicos y las estrategias para la explotación de la enorme riqueza del subsuelo de Pandora. Sin embargo este objetivo se lo maneja camuflado en el “Proyecto Avatar”, Iniciativa Yasuní. Para ello se utilizará a militares, científicos y a grupos de élite de tecnócratas. Jake Sulli, un parapléjico ex marino, es seleccionado para participar en el proyecto. La mente de Jake y de varios científicos es trasladada a los cuerpos artificiales de unos Na’vi creados genéticamente (avatares) para facilitar la comunicación con los indígenas. Jake en su objetivo de espía se enamora de Neytiri, asume conciencia de lo maravillosa que es la cultura Na’vi y de que ellos jamás renunciarán a su territorio, a la música de la selva, a la armonía de las especies; entonces decide sumarse a la resistencia social, una auténtica rebelión de las especies para enfrentar a los extractivistas postmodernos.

Los sectores ambientalistas tenían esperanza de que los depredadores transnacionales responderían positivamente a la “Iniciativa Yasuní” para mantener el crudo del ITT bajo tierra, a cambio de un aporte de U$ 3.600 millones. Imaginémonos a Neytiri intentando convencer al coronel Quaritch, o a Omatuki[6] persuadiendo a Rafael Correa, sobre la importancia del árbol de la vida. Al final quedó claro lo que siempre estuvo claro, que esa propuesta aunque novedosa e interesante, publicitada como suya por el gobierno de Correa, fue utilizada como un instrumento de distracción y engaño. Dijo el Presidente: si no hay una respuesta de las grandes potencias, nos veremos obligados a explotar el crudo del ITT, “no podemos vivir pobres sentados sobre un saco de riqueza”.Esta es la parodia entre Avatar, la película de James Cámeron y la resistencia –cada vez más globalizada- a la explotación de petróleo en el Yasuní, como parte de la estrategia de defensa de una de las zonas más sorprendentes de biodiversidad del planeta. Avatar, la obra maestra de la ciencia ficción, fue exhibida el año 2010 en los principales cines del mundo, el mismo día en que la cumbre de los grandes contaminadores en Copenhague, enfrió las expectativas de los defensores de la naturaleza, con tibias declaraciones para enfrentar el calentamiento global.

El proyecto de explotación del ITT fue prioridad en Petroecuador y Petroamazonas, desde el año 2007 cuando se firmaron sendos convenios con empresas chinas y con Pdvsa de Venezuela. Fue el propio Presidente Correa quien avaló y exigió se dé continuidad a los estudios y a las relaciones con las compañías de los países amigos. En todos los escenarios la opción de mantener el crudo en tierra, siempre estuvo subordinada a la respuesta de la comunidad internacional. Los supuestos principios ambientalistas del régimen fueron expuestos al hacha de los depredadores.

Fue en el directorio de Petroecuador de mayo de 2008, presidido por Rafael Correa, y en los estudios oficiales de la empresa estatal, donde se analizó y acordó impulsar el proyecto de explotación temprana de Tiputini-Tambococha. Se trataba de explotar Tiputini y Tambococha a través de las facilidades del Bloque 15, conjuntamente con el Bloque 31. Luego de seis años de embeleso y enajenación, todo está listo: se han completado los estudios técnicos y ambientales, la sísmica 3D, construido un oleoducto en el Bloque 31, y asegurado los mega negocios. Así las cosas, el ITT perdió la (I), se convirtió en TT, mientras en las cuentas de algunos izquierdistas, correrán varios ceros a la derecha.

Los extractivistas del siglo 21 sabían que la “Iniciativa Yasuní” no pasaría de ser una quimera ecologista, frente a un sistema desquiciado que antepone el capital a los derechos de la naturaleza y de los pueblos. El régimen correísta tenía alternativas propias, que dependían de su sola decisión para convertir al Ecuador en un ejemplo de resistencia al extractivismo y posicionar un emblemático sello ambientalista, para enfrentar el calentamiento global. No tenía que recurrir al desdén de los contaminadores. Prefirieron el ronquido de los taladros al canto de los paujiles.

El proyecto ITT y la Refinería del Pacífico

El ITT, es uno de los grandes proyectos codiciados por las transnacionales de todo color y origen, no solamente por el volumen de reservas comercialmente explotables (900 millones de barriles de crudo de 14.7° API), sino por encontrarse en el corazón del Parque Nacional Yasuní, un área que le permitiría a las empresas concesionarias y a sus estados protectores, acceder al control de significativos recursos de biodiversidad, a una de las principales reservas de agua dulce del planeta; y, además a mantener una gravitante presencia en la zona de disputa geoestratégica y de implementación del proyecto IIR

La propuesta de mantener el crudo en tierra, busca esencialmente proteger la existencia de los últimos clanes no contactados del planeta, los Tagaeri y Taromenae, que se desplazan en la llamada zona intangible, al límite del Parque Yasuní; además evitaría la emisión de 407 millones de toneladas métricas de CO2.SA y su componente ecuatoriano el Eje Multimodal Manta-Manaos.

El interés central en la explotación del ITT proviene de Pekín y otros socios de las llamadas BRICs[7] (Brasil, Rusia, India (Irán), China y Singapur). Justamente, la única oferta en firme es el convenio con China, asociado a la construcción de la Refinería del Pacífico.

El gobierno de la revolución ciudadana, no ha limitado esfuerzos ni recursos económicos para publicitar simultáneamente los dos mega proyectos: el primero, “mantener el petróleo bajo tierra” creando grupos multidisciplinarios que operan a nivel nacional e internacional, levantando conciertos musicales, eventos de alto nivel, y en conmovedores spots televisivos donde se posiciona a los indígenas Tagaeri Taromenane, como uno de los grandes objetivos a proteger. Segundo, se viene invirtiendo más de U$ 700 millones en estudios para la nueva refinería Eloy Alfaro: grupos especializados de Ecuador, Venezuela, China y otros países, trabajan en el proceso, considerado como el proyecto estrella.

Se promociona la nueva refinería como el proyecto que aseguraría la soberanía energética ecuatoriana y el cambio de la matriz productiva. En palabras del correismo, se trata de dejar atrás una economía petrolera, bebiendo las últimas lágrimas de petróleo. El país dejará de ser importador de derivados y se convertirá en exportador, se dice. Los justificativos: enfrentar y reducir el peso de cerca de 4 mil millones de dólares anuales que el Estado destina a la importación de combustibles.

La refinería del Pacífico (RDP) será de propiedad de una empresa mixta entre Ecuador (51%), China y Venezuela (49%), la operación y el financiamiento estará a cargo de China. Está concebida actualmente para procesar 200 mil barriles diarios. Su costo ha ido variando desde 5 mil millones originales a U$ 12.500 millones. En su diseño la planta establece la utilización de crudo Oriente, Napo, de Tambococha-Tiputini, y crudo venezolano. Aunque se promociona como un proyecto petroquímico, la RDP es una refinería más, pues las bases de la petroquímica que se obtengan, como: benceno, xileno y polipropileno, serán exportadas a China, según el estudio de Worley Parsons (2012).

De iniciarse la construcción el año 2014, la Refinería podría iniciar su operación real a partir del año 2019, para entonces Ecuador contará con una capacidad instalada de 376 mil barriles día de refinación. 200 mil de la nueva planta y 176 mil de las tres refinerías de crudos medianos y livianos: Esmeraldas (110.000 B/D), Libertad (46.000 B/D) y CIS Complejo Industrial Shushufindi (20.000 B/D).

Pero, el proyecto estrella surge cuando se secan los yacimientos petrolíferos. Ecuador apenas tiene petróleo para 10 años. Así, el sueño de los socialistas del siglo 21 de dejar de ser importadores de derivados para convertirnos en exportadores, se habrá transformado en la pesadilla de tener que importar petróleo caro para procesarlo en la nueva refinería; o lo peor, vernos obligados a arrendar nuestro 51% a los chinos, o privatizarlo, como ha sido nuestro destino: los pueblos asumen las pérdidas y las transnacionales las ganancias.

Según las cifras de los centros del gran capital, en estos tiempos no es buen negocio privado construir refinerías y explorar nuevas reservas de crudos pesados, esa tarea le corresponde a los estados. Una vez que las refinerías estén operando y sus inversiones hayan sido amortizadas por el pueblo, volverá el tiempo de las privatizaciones. Ese ha sido el círculo perverso de nuestra historia: socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.

La rebelión de las especies

Fracasada la posibilidad de que los indígenas Na´vi, los ancestrales habitantes de la selva-yasuní: los clanes descendientes de los wao, muevan los pies de Pandora, dejando libre el espacio a los taladros; el poder ha dispuesto el asalto militar del gran árbol, la explotación del ITT, la construcción de la nueva refinería. Al margen del sello hollywoodense que imprime Avatar, en Ecuador no necesitamos ex marinos arrepentidos, para señalarnos el camino; suficiente con nuestras Neytiris y Omatukis, organizando la resistencia, ellas convocarán a la inteligencia de la naturaleza, a todas sus especies. El canto llegará a los oídos mayores de los seres del bosque. Será un concierto de la diversidad social, una verdadera rebelión de las especies, dispuesta a todo por defender el árbol de la vida, hasta a clavar la cerbatana milenaria en el corazón del coronel Quaritch.

[1] Parque Nacional Yasuní: una de los últimos espacios de biodiversidad más sorprendentes del planeta, ubicado en la cuenca amazónica ecuatoriana.

[2] Doroboro, nombre del río Napo en lengua waorani

[3] Tagaeri y Taromenane, dos clanes del pueblo Waorani que se resisten a ser contactados y se movilizan en el límite del Parque Nacional Yasuní, en la llamada zona intangible.

[4] Co-huori: expresión en lengua waorani, para referirse a los extraños, caníbales, los que no son wao.

[5] ITT: tren estructural Ishpingo, Tambococha, Tiputini, con una reserva de crudo pesado (14º API) de 900 millones de barriles.

[6] Omatuki: joven tagaeri raptada por el wao Babe en la zona del Tigüino.

[7] Los teóricos del socialismo del siglo 21 intentan justificar el enganche ecuatoriano a las economías “capitalistas lastre”, por el “sorprendente crecimiento” de la economía china, rusa, india y brasilera. Sin embargo parece habérseles olvidado dos aspectos: primero, que esas economías, especialmente la china, expresan un proceso salvaje de acumulación originaria de capital que la humanidad ya lo vivió hace siglos; y segundo, que del “socialismo chino y ruso”, apenas queda en los mausoleos el recuerdo de Mao y Lenin. Solo para peregrinos intelectuales multipolares, que hilvanan metáforas políticas en el “Bar Carrión[7]”, las llamadas BRICs[7] serían una alternativa de desarrollo e independencia frente a la hegemonía norteamericana. Hay gente que quiere vivir sin amos, y otra que solo aspira a cambiarlos, o lo que es parecido, zafarse de la bota yanqui para sucumbir con la patada china.{jcomments on}

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